La muestra reúne trabajos escultóricos recientes que emplean la geometría como vocabulario para construir arquitecturas imaginadas: composiciones verticales que sugieren pequeños rascacielos especulativos, torres utópicas y estructuras improbables, situadas entre la ciudad soñada, el templo futurista y la ruina industrial de un mito desconocido.
En esta ocasión, Quintanilla no explora la forma oculta dentro de la materia, sino que plantea la creación desde fuera: parte de módulos geométricos y los articula como sintaxis espacial, dando lugar a ciudades intuitivas y paisajes construidos del pensamiento.
Tal y como señala María Escribano en el texto que abre la exposición, la creación conserva un rescoldo primordial de juego: ese impulso transformador que el artista mantiene vivo con el paso del tiempo, conectando la práctica escultórica con el instinto infantil de ensamblar, inventar y soñar el espacio.